Tour Drama y Luz (49)

Guayaquil, Ecuador 27 de Febrero 2012



Maná compaginó sus “clásicas alegres” con otras melancólicas

La banda mexicana ofreció un concierto en el estadio Alberto Spencer, la noche del lunes, como parte de su gira ‘Drama y luz’. Álex, el baterista, ejecutó su solo en que el instrumento se eleva aproximadamente 10 metros sobre el escenario.

Habitualmente Xavier Garcés toca la guitarra con su banda Zambuka o ejerce como director musical de JLH Music, el proyecto del cantante Jorge Luis del Hierro. Una función semejante cumplió en Borkis Entertaiment, donde conoció a Héctor Quintana, quien es el corista y percusionista de Maná durante sus giras, pero vive en el país porque está enamorado de una ecuatoriana.

Ese vínculo fue clave para Garcés, quien se probó ante el resto de Maná para compartir   el escenario. Y es que la banda mexicana escoge en cada ciudad que visita a un músico para que toque con ellos. El guitarrista local apareció con una Gibson Fying V en sus manos y ataviado con un sombrero vaquero.

Con esa pinta tuvo un ‘mano a mano’ con Sergio Vallín, ya en el concierto,  durante ‘Me vale’, una de las canciones emblemáticas del cuarteto de Guadalajara. Luego, todas las luces eran para Álex González a las once de la noche en el estadio Alberto Spencer. El ‘Animal’, como se lo conoce al acróbata baterista de Maná, empezó su solo a esa hora.

Las acrobacias habituales de las demás canciones se acentuaron  durante el solo. Como es su costumbre, Álex cruza sus brazos para golpear sus crash Paiste con los 42 centímetros de sus baquetas Vic Firth Series SAC, la misma marca que usa desde 1989. Incluía el lanzamiento al aire de su palillo derecho, que sin ver atrapaba, mientras el izquierdo golpeaba el redoblante.

Pasaba sus baquetas por debajo de sus piernas como si estuviese en un circo. Se paraba encima del asiento para saltar y golpear sus platillos. Y no contento con eso, le daba la espalda a su DW Drums. Prácticamente asentaba sus posaderas en la tarola, mientras con sus manos repicaba parche. Todo eso en cuestión de cinco minutos.

Faltaban otros cinco. Sacó una cerveza que permanecía dentro de uno de sus tambores, hizo el ademán de brindis y la bebió.

La plataforma en la que yacía su batería ascendió lentamente unos diez metros sobre el nivel del escenario principal, muy al estilo de las performances de Tommy Lee, de Môtley Crûe, aunque Álex sostiene en sus entrevistas que sus influencias son el ex ‘beatle’ Ringo Starr, el fallecido John Bohman, de Led Zeppelin; Steve Coppeland, de The Police, y en especial el también malogrado Keith Moon, de The Who (de quien tomó sus locuras).

La DW Drums de Álex, quien cumplió 43 años el sábado pasado, no solo se elevó. Dio vueltas como un carrusel y  descendió.

Aquel show del ‘Animal’ era solo parte del concierto de Maná. Y aunque Álex ejecutó el mismo solo hace cuatro años, la última vez que estuvo en Guayaquil, se trata de una fórmula que siempre le funciona ante su público. Y ocurrió con las cerca de 20 mil personas que acudieron al estadio para ver a Maná, que combinó sus conocidas canciones de pop latino con la inconfundible voz llorona de Fer, su siempre carismático vocalista.

Y aunque muchos crean que se trató de la repetición del show del 2008 (en esa época fue por la gira Amar es combatir), el grupo  ofreció algunas canciones que distan de sus acostumbradas ‘rolas’ alegres y que constan en ‘Drama y luz’, su disco más reciente, que también le da título a su gira.

Fer probó con El espejo, con una lírica bastante oscura, opuesta a los seductores versos dedicados a la mujer. Ese tema,  más bien, conducía a la Inquisición con estribillos como “voy caminando por el hall/ del monasterio medieval...” o “y en el patio del convento exorcistas me gritaban/ no hay remedio a la hoguera no lo hagan...”.

En un telón semitransparente se proyectaban llamas para simular una hoguera, acompañadas por el sonido de tres violines y un cello.

Otra de sus canciones distintas fue ‘Vuela libre paloma’,  dedicada a su madre fallecida. De hecho, esa  es la que  define la mitad del ‘ying yang’ que ofrece el disco ‘Drama y luz’, pues   parte de ese álbum  refleja el dolor de Fer cuando murió su progenitora de cáncer, luego su hermana y su sobrino.

Y de ese disco Maná tocó otras muy conocidas como ‘Lluvia al corazón’, con la que abrió el concierto a las ocho y media de la noche o ‘El verdadero amor perdona’, casi a la mitad del recital.

La banda siempre agradece al público ecuatoriano por haberles abierto las puertas en 1990, año de su   internacionalización  (cuando promocionaba el disco ‘Falta amor’). Por eso no olvida sus clásicas canciones ‘Te lloré en un río’, ‘Se me olvidó otra vez’ (original de Juan Gabriel) y ‘Si no te hubieras ido’ (Marco Antonio Solís), que  tocó en un escenario adicional, situado junto a la torre de consolas, para que la gente de las tribunas pudiera verlos más cerca. Y no faltó la fémina de turno en el escenario. Esta vez se llamó Estefanía.

Otras infaltables de Maná son ‘Oye mi amor’, ‘De los pies a la cabeza’, ‘Rayando el sol’ (con la armónica de Fer), ‘Bendita tu luz’, ‘Mariposa traicionera’, ‘Te deseo’, ‘Déjame entrar’, ‘Clavado en un bar’, ‘Labios compartidos’, ‘En el muelle de San Blas’ (la que cerró el show a la medianoche) o ‘Corazón espinado’, en la que Sergio Vallín interpretaba al carbón el solo de guitarra que originalmente ejecuta Carlos Santana en su disco Supernatural (1999).

Ese fue el preámbulo para la aparición de Xavier Garcés, el guitarrista ecuatoriano que se codeó con Maná en el Coloso de las Américas.


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